Euskara 21XXI. Mende hasierako hizkuntza politikaren oinarriak

Euskara 21 - XXI. Mende hasierako hizkuntza politikaren oinarriak


Aportación extensa de Mak Makygregor

Autor: Mak Makygregor

Estudié en el modelo A, en la “vieja” EGB, y creo que ese modelo y aquella educación general básica son los que han dado la mayoría de cargos en instituciones y empresas en la actualidad, señal, creo, de que no eran tan malos. Allí aprendí euskera y bastante bien a juicio de mis profesores, lástima no animarme a sacarme un simple papel por la vía de aprobar el EGA, ahora sería mucho más libre.

 

Diez años después de dejar de estudiarlo me enfrenté con la realidad: hay mucha gente que desea poder expresarse en euskera, y lógicamente, por la misma amabilidad que uno intenta mostrar cuando se le dirigen en inglés o francés (idiomas que tampoco se me daban mal), yo intento siempre responder en ese idioma. No porque me obliguen ni la sociedad ni las instituciones, ni mucho menos porque el euskera sea “mío”, que no lo es: sino porque es de buena educación, algo que sale de uno. Ojo: diez años de la vida de una persona en los que no tuve apenas indicio de que me fuera no ya imprescindible, sino ni siquiera necesario, profundizar en el conocimiento de un idioma que, como todos, se fue “oxidando” con la falta de uso.

 

Me produce casi igual dentera ver una falta gorda en castellano que en euskera, pero por motivos distintos: en el primer caso porque el castellano es parte de mí, en el segundo porque lo escrito proviene de algo o alguien que no aprecia su lengua (escribir y hablar correctamente la propia lengua me parece el único indicio bueno de que uno la ama), pero en cambio lleva toda mi vida intentando que yo la aprecie y la respete, pero no por educación, sino porque hay que “normalizarla”.

 

Cuando hablo o escribo en euskera, intento introducir el menor número posible de “castellanazos” (como anglicismos al hablar en castellano), he estudiado (hasta que el esfuerzo se le hizo insoportable a mi vaguería) para intentar sacar un PL que me ayude a promocionarme en lo público, y ni siquiera veo del todo mal que eso exista (toda persona tiene derecho a ser atendida en su idioma, aunque ¿por qué si entras en tu euskaltegi fuera de horas lectivas y te diriges a alguien en castellano ese alguien inmediatamente te obliga a pasar al euskera?), pero aquí me planto: me niego y me opongo con todas mis fuerzas a que el euskera sea la única lengua vehicular en el País Vasco. Ninguna institución puede tener, en una democracia liberal, el derecho a imponerme sin otra opción un modelo educativo, y mucho menos uno en el que se ningunea mi lengua, apenas hablada por cuatrocientos millones de personas en el mundo, un número, ya se ve, “irrisorio”, de personas con las que quienes se eduquen en ese idioma no van a saber relacionarse completamente bien por escrito, por ejemplo, perdiendo allí innumerables oportunidades para supuestamente haber ganado unas cuantas aquí cerca. Yo he dado todo lo que me parece decente darle al euskera, ahora sólo quiero que la esfera de influencia de ese idioma deje de crecer por absorción de la esfera de influencia de mi idioma. Estamos en un mundo moderno y democrático, y los ponentes sin duda son “sabios”. Así que no me parece mucho pedir.

 

He leído la ponencia. Se trataba de hacer algo junto al “mundo del castellano”, que entre los ponentes creo que brilla… por su ausencia. Nos encontramos una vez más ante el modelo nacionalista vasco de la “amable cesión” de arriba abajo por la cual además hemos de estar agradecidos. Salvo que el mundo del castellano sea un mundo ajeno aunque “desgraciadamente” cercano en lo geográfico y por ahora insoslayable, un mundo al que se le permite participar vía este foro. Entre los ponentes uno sólo ve gente culta del euskera, con una lamentable pérdida reciente, el señor Knorr, que supongo habría participado también. ¿Dónde están los intelectuales vascos que desarrollan su intelectualidad en castellano?

 

Se habla de la pujanza de la cultura en euskera (pero no de las subvenciones siempre mejores y mayores a las obras en euskera que a las hechas en castellano a pocos kilómetros, ni de los concursos literarios en los que dejando aparte la calidad de la obra resulta numéricamente varias veces más probable ganar el premio en euskera que en castellano porque “pese” a esa pujanza y calidad de la creación en euskera las obras presentadas en ese idioma son varias veces menos, pese a tener premios similares…), de su uso creciente, de su implantación en los ámbitos públicos, y yo me alegro. Pero me parece inaceptable que seguidamente se hable del “idioma en casa”, que es justamente el ámbito privado donde jamás ninguna de esas personas ni instituciones que escriben la ponencia deberían ni siquiera intentar influir.

 

Es curioso que en varios sitios se diga, muy acertadamente, que no se puede obligar a hablar un idioma, y seguido se incida en que habría que hacer no sé qué para que los niños lo hablasen en el recreo, los jóvenes en sus cuadrillas, y todo el mundo en su casa… Sinceramente, ¿con qué se come eso, con cuchara o con tenedor?

 

En cuanto a las lenguas propias, pues bueno, sí, jurídicamente el euskera es “nuestro y sólo nuestro”, pero, eh, así en petit comité: ¿no deberíais reflexionar, todos los que amais el euskera y lo promocionais, en los mecanismos por los que ese amor y esa promoción no están llevando más amor hacia el euskera que aborrecimiento? Os doy una pista, en mi humilde juicio: la gente no percibimos que nos esteis intentando dar una nueva herramienta con la que además entenderos a vosotros en el día a día y vuestra cultura y cosmogonía -bellas y necesarias como todas- en lo anímico, sino que lo que muchos hemos percibido en determinados momentos es que se está intentando sustituirnos nuestra propia idiosincrasia por la vuestra. Convertirnos en lo que no somos, a cambio de nada.

 

No pretendo hacer un resumen personal de la ponencia, pero sí recomendar su lectura. Porque tengo meridianamente claro que sus argumentos serán los negativos de los que marcarán las futuras políticas lingüísticas (si el marco político no cambia, pero eso ES harina de otro costal) por mucho que aquí haya cien, mil, o diez mil mensajes que preconicen, pidan o rueguen una relajación en esa conversión a la que esos cien, mil, o diez mil vascos nos negamos.

 

 

 

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2 iruzkin

1. Pello Salaburu (2008-06-19)

No voy a entrar al fondo de lo que se dice en esta aportación, aunque tengo la impresión de que algunas cosas no se han interpretado de forma similar a lo que entendimos quienes participamos en la redacción original del texto base. Será, sin duda, más falta nuestra, por no haber sabido explicar con claridad lo que pensamos, que de Mak Makygregor por no entender lo que queremos decir. No voy a entrar, con todo, ahí­, sino en otro tema lateral.
Existe un tópico entre nosotros, manifestado de forma meridiana en este escrito, sobre el que quiero alertar, porque me parece profundamente injusto. El autor o autora indica lo siguiente. “Entre los ponentes uno sólo ve gente culta del euskera, con una lamentable pérdida reciente, el señor Knorr, que supongo habrá participado también. ¿Dónde están los intelectuales vascos que desarrollan su intelectualidad en castellano?”
Esa frase da a entender que quienes hemos participado en la redacción (los nombres son públicos) nos caracterizamos por estar encerrados en el mundo del euskera, aislados del castellano, como si el mundo del euskera fuese algo ajeno al castellano (o francés, por supuesto). Y esto duele. Duele, porque no es cierto, en absoluto. Hay, entre los firmantes personas que “desarrollan [también] su intelectualidad en castellano” u otras lenguas, además del euskera. Y ahora hablo en primera persona, por no ir más lejos: no voy a referirme a las decenas de articulos que he escrito en la prensa en castellano, porque alguien los puede interpretar, con razón o sin ella, como el producto propio de un diletantismo no intelectual. Me refiero a cosas que requieren más tiempo de estudio, de investigación y de imaginación:. más tiempo de trabajo y de hincar los codos, en definitiva. El último libro que he escrito fue publicado y presentado hace un año en Madrid. En cuatro meses se agotaron dos ediciones y, salvo del País Vasco, creo que he recibido invitaciones de todo el resto de autonomías para hablar del tema, de forma reiterada en más de una ocasión. También he sido invitado desde el extranjero. Con posterioridad he publicado en MIT Press, en enero sale otra cosa en Oxford University Press y existe un capítulo en prensa para un libro colectivo en Madrid.
Lo que manifiesta el o la firmante es un tópico profundamente arraigado en algunos sectores sociales, que no se corresponde con la realidad. Quienes desarrollamos nuestra “intelectualidad” en euskera somos capaces de hacer lo propio, y lo hacemos, en otras lenguas también. En particular, en español o francés, según el caso. Quizás, cuando nos demos cuenta que el euskera suma, y no resta, habremos dado un gran paso, y habremos contribuido a que los derechos de los hablantes se respeten con más efectividad.
Tengo mucho respeto por la palabra “intelectual”. Por desgracia, acostumbramos a colgar esa distinción en las espaldas de cualquiera, incluidas las nuestras. Pero respondiendo a la pregunta del o la firmante, y apropiándome quizás de forma inadecuada del término, quiero señalar que estamos también ahí­, también entre los firmantes. Aunque parezca una hazaña asombrosa.

2. Aitor Etxebarria (2008-06-20)

Dice en su aportación el Sr. Mak Makygregor:

“Es curioso que en varios sitios se diga, muy acertadamente, que no se puede obligar a hablar un idioma, y seguido se incida en que habría que hacer no sé qué para que los niños lo hablasen en el recreo, los jóvenes en sus cuadrillas, y todo el mundo en su casa… Sinceramente, ¿con qué se come eso, con cuchara o con tenedor?”

En las dos afirmaciones no veo incoherencia alguna.Una cosa es “obligar a hablar un idioma” o prohibir halbar en otro; y otra bien distinta es incentivar, animar, fomentar, crear ámbitos y espacios pra el uso de un idioma, del euskara en este caso.

Me produce la misma animadversión que al señor Makygregor la mera idea o suposición de imposición de un idioma. Pero desde ahí defiendo su promoción.

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